Alineación de conocimientos
- 24 oct 2021
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Actualizado: 28 oct 2021
Seguramente has escuchado hablar alguna vez de la alineación de chakras o la expresión o repetir algo como un mantra.

Hemos integrado prácticas milenarias en nuestro vocabulario. Aun siendo parte de nuestra vida en forma de palabras, pocas personas saben a qué se refieren.
La energía que viaja a nuestro alrededor y dentro de nosotros se puede canalizar
La palabra Chakra significa rueda o círculo en sánscrito, una conexión entre nuestro plano físico, mental y espiritual. Estos se reparten a lo largo de la columna vertebral, en seis puntos según los libros sagrados del hinduismo o en siete puntos según la teosofía (a partir del s. XX) que menciona un chakra invisible en la cabeza.
Cada uno de estos siete puntos están unidos a un elemento, una emoción, un color y una zona del cuerpo. Dentro de los conocimientos ancestrales, nos encontramos más de una con prácticas que conectan los aspectos físicos y mentales de los seres humanos.
En el caso de los chakras, la energía que viaja a nuestro alrededor y dentro de nosotros se puede canalizar. Con diferentes practicas podemos amentar su flujo o estabilizarlo. De esa manera, con una corriente de energía en un punto en concreto, se puede mejorar ese aspecto dentro de nuestro bienestar integral.

¿Que son y donde estan?
Para entenderlo mejor, tendríamos que hablar de cuáles son esos siete chakras. Si empezamos por el primer chakra, también llamado Muladhara, estaríamos en la zona de la columna vertebral. Es considerado el chakra raíz ya que es el más cercano a la tierra. Este, además, es su elemento representativo a la par del color rojo. Las emociones que se vinculan con él son las de supervivencia, energía física y voluntad.
Subiendo unos centímetros, nos encontramos con el segundo punto energético. También llamado Svadhisthana, se encuentra en la zona pélvica. En este caso, su elemento es el agua y su color el naranja. Las emociones que fluyen si este centro está abierto son las de energía sexual, la alegría y el disfrute de la vida.
El tercer centro, conocido también como el chakra del plexo solar o Manipura, se localiza justo debajo del ombligo. Su energía se relaciona con la estima, los límites saludables y la energía vital. Se representa con el fuego, el color amarillo y junto a los dos anteriores forman el grupo de Chakras Inferiores.
Los tres chakras inferiores son los más vinculados a nuestro ser físico o material y su vibración es más lenta que los superiores.
Y con tres mas, son siete
Los centros energéticos inferiores alimentan y canalizan la energía vital hacia los tres superiores. Este intercambio se realiza mediante el cuarto chakra. Con el nombre de Anahata y conocido como el chakra del corazón, se encarga de sintonizar la energía del amor, la compasión, la confianza y la pasión. Su color verde y el elemento aire terminan de caracterizar este centro que conecta los chakras inferiores con los superiores.
Cuando se habla de los tres centros en la parte de arriba del cuerpo, se habla de nuestra energía espiritual. Del pensamiento, la conciencia o inspiración.
El quinto o Vishuddha, está situado en la base de la garganta, dándole el nombre también del chakra de la garganta. Representado con el color azul y el elemento cosmos tiene la capacidad de energizar nuestra inspiración, creatividad y comunicación.
El centro energético encontrado entre las cejas es quizás uno de los mas representados en la cultura artística. Llamado Ajna y representado con el color índigo. En muchas películas muestran a una persona poderosa con un tercer ojo en la frente. Y la base de esta información esta en estos conocimientos, ya que este chakra se caracteriza por darte el poder de conciencia y concentración.
Al igual que el último y séptimo, situado en la coronilla y también llamado Sahasrara, no está representado por ningún elemento, pero su color es el blanco, ya que aumenta tu energía espiritual e iluminación.
Alza tu voz y transmuta
Cada chakra tiene su propio tono vibratorio, que aumenta a medida que se trabaja en ellos. Una de las actividades más usadas para abrir y canalizar esta energía es la de usar el poder sanador del sonido.
Y de una forma sencilla se puede ver la conexión entre los sonidos de la naturaleza y cada centro energético. El sonido relajante de las olas del mar puede aumentar tu energía sexual y habilidad en aspectos sociales e íntimos.
El sonido tiene un poder sanador que se transmite a través de sus ondas.
Pero este no es el único sonido que puede ayudarte a canalizar y aumentar la energía. Dentro de las prácticas de meditación se encuentran los mantras sanadores. Cada uno ligado a los centros energéticos y con un uso específico.
Como hemos hablado con anterioridad, el sonido tiene un poder sanador que se transmite a través de sus ondas. Al igual que los estímulos auditivos recibidos del exterior, nuestra voz resuena a través de nosotros con el mismo poder de transformación.
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El poder relajante de tu propia voz
Cuando se habla de rezar o recitar mantras, se le suele dar un significado ligado a las emociones. Más allá de la religión o cultura, si alguien te dice que necesita un minuto para meditar, es que quiere sentirse mejor a través de una actividad que lo calma y relaja.
Y tendría toda la razón. Ya que, en un estudio reciente del Departamento de Medicina Interna de la Universidad de Pavía, documentó la reacción física y mental de las personas al recitar mantras y rezar.
La investigación se llevó a cabo con 23 personas, a las que registraron diferentes respuestas fisiológicas mientras recitaban el mantra OM. Los resultados de su respiración, presión arterial, flujo arterial y electrocardiograma mostraron como en todos los casos, tenían una disminución de los niveles de estrés. Dependiendo de la persona, era una diferencia mayor o menor.
De esta manera, encontraron una prueba física de él porque muchas personas en el mundo usan palabras o sonidos específicos para relajarse. Entre esos sonidos, se encuentran los mantras budistas.
Referencia
https://www.bmj.com/content/323/7327/1446 Bernardi et al, 2001DOI: https://doi.org/10.1136/bmj.323.7327.1446



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